Es una mañana como tantas otras. El sol se ha levantado perezosamente por el horizonte, para abrir paso a la vida en la ciudad. Con cierta vanidad ha llenado de luz todos los espacios de la Plaza del Carmen, revelando que el tiempo siempre deja huella en los lugares y en las personas que los habitan. Amparo se ha despertado feliz, como todas las mañanas desde que tiene a Pierre en su vida. Desde que se casaron han pasado más de 60 años. Ella prepara el desayuno, él lee el periódico, y luego a media mañana se van juntos a hacer la compra para preparar la comida; lo cual en realidad es una artimaña de Amparo para arrancar del sofá a Pierre y obligarlo a tomar un poco el sol, los médicos le han dicho que le iría bien salir un poco. Ambos se sientan muy juntos en el amplio banco de la plaza, les gusta estar cerca el uno del otro, aunque Pierre odia admitirlo y siempre dice que son cosas de Amparo. En ese instante de serenidad en que el sol roza sus mejillas, el mundo se detiene y tenemos ocasión de ver como el universo gira en torno a estos viejos amantes, que pese a las adversidades de la vida y gracias a sus bondades, han permanecido juntos. Es muy cierto que él ha olvidado muchas cosas, pero también es cierto que ella no ha olvidado ninguna.

Creado por el 2015-03-28

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